Micro relato 4 - Cena para dos
Y después de 3 años, en los que Antonio siempre traía
compañía a casa, decidió que prefería la compañía que tenía en casa. No, no es
que fuéramos pareja, solo compañeros de piso y a mi simplemente se me había
acabado el gel de ducha y tuve que usar el suyo.
- Óliver, ¿te has comprado mi gel de ducha? – dijo acercándose
a la puerta del baño abierta.
- No, se me ha acabado el mío y necesitaba utilizar uno. No
estabas en casa cuando he entrado – comenté un poco intranquilo por su mirada de
menta.
- Pues deberías ponértelo con más frecuencia, las chicas se
te acercarían más – soltó con una pequeña risa saliendo de su garganta. Yo
sabía que él era homosexual, pero él no sabía nada sobre mí en ese aspecto.
- ¿Tu crees? – comenté despreocupadamente.
- Me están dando ganas de quitarte esa toalla… - declaró
Antonio descaradamente. Espera, ¿qué había dicho? Se me cayó el peine en el
agua donde me había aclarado hace poco al afeitarme. Lo miré a los ojos a
través del espejo y no tenía su mirada tranquila, era más bien…, como un lobo a
punto de saborear su presa.
Notó mi nerviosismo y se fue de mi rango de visión, pero
seguía sonriendo, coquetamente, como queriendo jugar a algo. No sé si quería
jugar a eso, aunque he de admitir que Antonio siempre me había atraído. Cuando
terminé en el baño, me fui a mi cuarto y al abrir la puerta noté un perfume
nuevo en ella. Me extrañé y encendí la luz. Allí estaba mi compañero de piso,
sin ropa, acariciando su pene tumbado en mi cama mientras esperaba mi llegada.
De un ágil movimiento se incorporó y llegó frente a mi
posicionando mi mano en su pene caliente y duro.
- ¿Tienes hambre Óliver? Podríamos cenarnos – susurró en mi
oído.
El roce de su aliento me hizo estremecer y cerrar los ojos,
gesto que aprovechó para besarme. Pero no era un beso brusco, era suave,
decidido y experimentado. No me percaté que también tenía sus manos en mis
calzoncillos, tirando del elástico para bajármelos. La verdad es que no tenía
dónde ocupar mis manos, ninguna prenda que quitar o enredar, por lo que puse
mis manos en sus hombros y profundicé el beso. Estábamos ansiosos, logramos
deshacernos de mi ropa e ir a mi cama donde él me empujó y se puso sobre mí. Se
colocó entre mis piernas, cogió mi pene, animando por los minutos previos, y
empezó a masajearlo mientras regaba besos por mi cuello y torso. Yo empecé a
jadear un poco, sus maniobras eran muy certeras y placenteras. Yo le sujetaba
los glúteos, acercándolo más a mi piel.
- Será un placer cenarnos – resolví.
Alejó su mano y acercó la boca. Aquello me hizo ponerme más
e instintivamente cogí su pene y lo empecé a masturbar tratando de decirle todo
el deseo que guardaba por él. Esa noche, por fin, podría disfrutar de él.
Comentarios
Publicar un comentario
- Puedes dar tu opinión (a favor, a medias o en contra) siempre desde el respeto y con argumentos, es decir, utiliza la crítica de forma constructiva.
- No publiques información sensible o personal en los comentarios ya que no nos hacemos cargo de quién pueda utilizarla.