Micro relato 2 - Nos recordaremos siempre
Amanda había ido a ver a Lorenzo porque se sentía triste. Su
novio no le hacía mucho caso y sentía que las conversaciones que intentaba
tener con él eran más fructíferas si las dirigía a una pared de ladrillos. Como
siempre, Lorenzo la escuchó mientras la lluvia caía, acariciaba su pelo, su
espalda y trataba de tranquilizarla. Él no entendía como el chico no era capaz
de comprender a Amanda, una chica que absorbe el cariño como si fuera una
esponja infinita.
Poco a poco ella se fue quedando dormida y su cabeza se
acercó más a la de Lorenzo. Él no pudo soportarlo más y la besó. Al principio
ella no reaccionó, los ojos como platos y rígida. Lorenzo se asustó un poco y
se fue a separar, cuando Amanda se aferró a él y empezó a besarlo con
necesidad.
Ambos cerraron los ojos y dejaron que sus manos fueran
tocando todo lo que había a su alcance. Estaban recostados en la cama de Lorenzo,
por lo que este tuvo la oportunidad perfecta para ponerse sobre Amanda y besar
su cuello. Ella estaba sintiendo algo que jamás había notado: entre los besos y
el roce de la incipiente barba de Lorenzo, su sensación de placer aumentaba.
Notó un cosquilleo en la entrepierna que la hizo soltar un suave gemido, pero
bastante profundo.
Lorenzo al escucharla se puso muy duro y empezó a desnudarla
con bastante delicadeza. Desabrochó los botones del polo que llevaba y lo subió
para quitárselo. Vio sus pechos, bastante más grandes de lo que imaginó, tras
un sujetador deportivo y mientras ella se quitaba el polo empezó a besar cerca
del ombligo, haciendo eses por la piel, lamiendo a ratos hasta llegar a la tira
inferior de la prenda.
Metió un dedo bajo el sostén, acariciando por la zona
inferior la teta izquierda. Amanda quiso quitarse el trozo de tela, pero él negó,
era más excitante si iba poco a poco. Ella notaba que sus flujos empezaban a
salir y mojar sus labios internos. Ansiosa elevó la cadera para rozarse y
frotarse contra la erección de Lorenzo.
Él la miró a los ojos un momento y vio en ellos una llama
febril de pasión ardiendo por él. No sabía cómo es que esa chica podía hacerlo
endurecer hasta el dolor, pero se dejó de juegos y se desnudaron en un abrir y
cerrar de ojos. Belleza absoluta en aquellas curvas, la penetró en un solo
viaje. Descargas eléctricas recorrieron el cuerpo de Amanda mientras que
Lorenzo no podía creer haber llegado al cielo sin correrse aún.
Amanda estaba ciertamente estrecha, pero muy mojada, por lo
que empezó a moverse casi de inmediato, apoyado sobre sus antebrazos, notando
las tetas rebotar contra su pecho en cada embestida, besando y mordiendo su
boca y cuello mientras ella lo acariciaba completamente. Sudores, escalofríos y
placer recorrían ambos cuerpos mientras se entregaban. Ninguno supo qué pasó
con exactitud o cuánto tiempo estuvieron amándose, pero sí sabían que jamás se
olvidarían.
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