Micro relato 1 - Reescribiendo un relato

Otro día más en la oficina, revisando datos, realizando consultas, generando informes. Hoy debía ser un día especial, es mi cumpleaños, pero es un día igual de gris que todos los demás. He traído unos pasteles para mis compañeros, pero no han sido nada efusivos en sus felicitaciones. Ni siquiera Sandra se ha fijado en mi vestido de hoy. Me lo ha regalado mi hermana para que lo estrenara, ahora me arrepiento, podría haberlo conservado para otro momento. Desde la ventana del otro lado de la sala se podía ver un manto de nubes grises cubrir la ciudad. Está bien, la lluvia me gusta, incluso si me pilla saliendo de trabajar porque no he quedado con nadie ya que siendo miércoles iba a ser complicado cuadrar horarios.

Tengo que salir a la calle desde el metro para subir a un autobús y llegar a casa. Está lloviendo con ganas y llevo música de piano en mis auriculares. Me recoloco el impermeable antes de subir las escaleras, delante van una chica y un chico que siguen el mismo camino que yo hasta la parada. Subo al autobús y tomo asiento al lado de un señor que lee. Me pongo a hacer lo mismo con el móvil, en mi caso uno de los últimos relatos que escribí.

[...]

Elisa tenía la falda subida a medio muslo mientras Ricardo la besaba por el cuello, apartando su pelo rizado largo del camino de besos. Ella jadeaba un poco, su cuello era un lugar muy sensible, aunque siendo realistas su piel entera era muy perceptiva al contacto suave de caricias y besos. Enredados en el pasillo del apartamento de Ricardo la pareja no paraba de mover manos, bocas, cuerpos donde fuera necesario. Él la tomó por los muslos y la levantó conta la pared colocando la delicada figura sobre su cintura para que ella cruzara las piernas por detrás. Elisa se sentía ciertamente extasiada, pero necesitaba más. Ricardo era su fantasía desde que éste entregó la compra del supermercado un sábado hacía 3 semanas.

Ricardo estaba muy caliente, Elisa era muy sensual y él la quería satisfacer en todo lo que fuera posible. Poco a poco la ropa vestía el suelo por donde iban moviéndose sin mirar a dónde, necesitaban más roce entre sus pieles y menos prendas por medio. Llegaron por fin a un dormitorio, aunque Elisa solo se fijó en la gran cama que ocupaba el centro de la estancia, entre risas, jadeos, besos, lametones y gemidos.

Nada quedaba a la imaginación: desnudos por completo se miraban hambrientos de placer, ojos vidriosos y piel ardiente.

[...]

Nota mental: no leer relatos eróticos fuera de casa, es fácil obtener interrupciones. Con cara de fastidio bajo del autobús y camino con prisa hacia mi casa. En la puerta veo a Ricardo que me sonríe con las bolsas de la compra.

- Buenas tardes, Señorita Elisa.

- Ricardo…- sonrío al pensar que, ya que es mi cumpleaños, podría inspirarme para cambiar el relato que estaba leyendo.

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