Febrero Creativo - Día 2
Nicolás estaba conduciendo por la autopista mientras atardecía. No volvía a casa, porque ya no tenía una casa a la que volver desde que ella decidió que quería el divorcio. No puede olvidar ese momento y todo lo que sufrió por su decisión, es una cinta en continuo bucle en su cabeza.
Clara y Nicolás se conocieron cuando eran apenas unos infantes de 4 años y siempre siguieron juntos. Como amigos, como confidentes, como almohadas, como pañuelos... Y luego se hicieron novios en la adolescencia, para luego casarse con tan solo 24 años. Pero a pesar de los años juntos, no había una amistad tan sólida como podría pensarse. Faltaba el factor más importante por vislumbrar: la convivencia.
Ambos hicieron lo posible y hasta casi lo inimaginable por sacar la relación adelante, por todo lo que habían sido el uno para el otro, pero eran aspectos que ninguno terminaba de cambiar lo que se interponía entre ellos. Se dieron cuenta tarde de que no había vuelta atrás, todo lo que habían hecho por intentar salvar su amor había roto su amistad. Y aunque fue ella quien propuso el divorcio, fue Nicolás quien, tras varias conversaciones con una amiga, tomó la decisión de marcharse.
No podía con aquella situación, discusiones a diario, reproches, miradas cargadas de resentimiento y malos gestos. Él sentía que no sabía quien era Clara y ella no quería enmendar nada, decía que estaba harta, cansada y que no le quería. Así que nada más subir al coche, Nicolás puso en marcha la canción que le había pasado su amiga para que escuchara en su trayecto a su nueva casa: Todo lamento de Natalia Lacunza.
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